¡Hola tentadora!

¿Qué tal pasaste las navidades? En mi casa fueron muy especiales, ya que eran las primeras de mi Bichito, y por fin su hermana la pudo conocer. La verdad es que es una pena que dos hermanas estén tanto tiempo separadas, pero ya sabes cómo son estas cosas de las separaciones. Pero bueno, no quiero ponerme triste, porque echamos muchísimo de menos a Bichete. Hoy te quiero contar los efectos de un embarazo, en concreto del mío. Quiero mostrarte cómo lo viví yo, porque fueron muchísimos altibajos. Pero al final pasar por  todo este proceso, merece la pena.

A nosotros nos costó mucho poder quedarnos embarazados y al final me quedé por IA (Inseminación Artificial) pero esto ya lo contaré en otro post. Pero ya te puedes imaginar la ilusión que nos hizo ver en el predicto las palabras “Embarazada 1-2 semanas”. Fueron dos años y medio de tristeza, pero por fin vimos la luz.

 

PRIMER TRIMESTRE

 

Los vómitos. En mi caso fueron lo peor de todo. La sensación contínua de querer vomitar, me tomara lo que me tomara. Daba igual. Comer ayudaba, aunque esa sensación en la boca del estómago me acompañó hasta bien encaminado el embarazo. Y claro, a parte del cansancio y las ganas de dormir (que por cierto son brutaaaaales, hubiese dormido prácticamente todo el primer trimestre) los vómitos me dejaban K.O. Y pocas ganas tenía de moverme.

Y encima esa incertidumbre de si todo estaría bien y llegaría a cabo. Porque aunque yo tenía seguro privado y me hacían una ecografía cada mes (en la Seguridad Social son 4 en todo el embarazo), hasta la semana 12 (tercer mes) tienes un riesgo bastante alto de abortar.

 

Pero llegó ese mes en el que nos dijeron que todo estaba perfecto y que Bichito crecía sana y fuerte. Porque fue en esa ecografía, en la de la semana 12, que nos dijeron que “parecía” que era una nena. Y al Papi le vino una sensación extraña, se dió cuenta que quería un nene… Y a mi sinceramente, me daba igual mientras estuviera sana.

¡Ay, las hormonas! En esta etapa del embarazo el cuerpo se está adaptando a tener a una personita en el interior. Y las hormonas están tan disparadas, que las emociones salen, aunque no quieras. Ya sea risa, lloros o mala leche. Salen en tropel atropellando a quien se ponga por delante.

 

SEGUNDO TRIMESTRE

 

Todos los médicos me decían que pronto las ganas de vomitar se irían… ¡MEC! De pronto nada. Pasaban las semanas y los vómitos no cesaban. Yo estaba ya desesperada. Y encima la acidez se hacía también más visible. Pero creo que lo peor era la sensación de sentirme sola. De que nadie me entendía y no empatizaban conmigo. Era horrible. Lloré y mucho. Y trabajar cada vez se hacía más cuesta arriba. Te preguntarás que había de bueno… Pues aunque me decían que era muy pronto. Yo notaba ya a Bichito moverse. Era como una culebrilla, un cosquilleo en la barriga. Y fue del cuarto al quinto mes que la notamos por fuera.

 

Todavía lo recuerdo como si fuese ayer. Estabamos Bicho y yo tumbados en el sofá, cuando de repente noté esa patadita. Corriendo cogí la mano de Bicho y la puse en mi barriga. No se hizo esperar, ¡pum! otra patadita. Eran muy suaves, pero se notaban y Bicho también lo notó. Que ilusión nos hizo, la verdad.

 

 

Ya empezando el sexto mes las patadas eran más notables. Y las ganas de vomitar fueron desapareciendo. Aunque había algún día esporádico que aparecía alguna arcada. Eso si, la acidez seguía acompañándome, sobre todo por las noches. Y los olores… MADRE MÍA, eran muy muy fuertes.

 

TERCER TRIMESTRE

 

Yo empecé a disfrutar del embarazo a partir del séptimo mes. Prácticamente todo lo malo fue desapareciendo y quedaba lo bueno. Bichito no paraba de moverse, incluso me dolía y me cortaba la respiración conforme iba aproximándome al noveno mes. Pero era taaaaaaan bonito notarla moverse. Tenía ya ganas de verle la carita, pero a la vez, no quería que esa sensación de sentirla dentro se acabara. Era nuestro y solo nuestro, y no quería compartirlo con nadie.

Las hormonas seguían haciendo mella. Y me emocionaba (por no decir que lloraba) casi por cualquier cosa. Estaba increíblemente sensible. Y los pies cada noche parecían unos botijos de lo hinchados que los tenía.

Ahora, lo que peor llevé en esta fase, fue el calor. Mi último mes era Agosto… Ya puedes imaginarte el agobio que sentí. Y ya no solo por el calor, si no por la preocupación.

 

Que no lo he dicho, pero desde el minuto uno que supe que estaba embarazada, la preocupación de que saliera todo bien, estuvo ahí. Bichito venía de nalgas, y no se daba la vuelta. Aún teniendo tanto control, no nos dio tiempo a hacer maniobras que facilitaran que se diera la vuelta, así que la única solución fue programar una cesárea, con su consecuente canguelo. Y claro, ahora, la preocupación es que ella siga estando bien.

Es lo que tiene la maternidad, es sinónimo de preocupación.

Pues esta ha sido mi experiencia embaracil. Espero que te haya gustado y que si estás embarazada o piensas en estarlo, te haya ayudado a ver el embarazo de otra manera. Que no quiere decir que a ti te pase lo mismo, pero puedes tener alguno de estos efectos.

Espero verte la semana que viene, te voy a traer algunos consejitos para tener un San Valentin diferente para todo tipo de presupuestos.

¡Besitos!